El Presidente le pidió la renuncia este martes. El secretario de Prensa era cuestionado por Karina Milei. El vocero presidencial gana poder en la Casa Rosada.
Tras meses de desgastes y cuestionamientos, Eduardo Serenellini renunció este martes a su cargo de secretario de Prensa de Javier Milei. El funcionario, que resistió como pudo durante largos meses en su despacho de la planta baja de la Casa Rosada, era duramente cuestionado por la secretaria general Karina Milei desde que se enteró que había habilitado el pago de pauta a medios de comunicación en los que trabajó y se dedicaba a promover decisiones favorables con otras empresas, según las versiones que daban en la cúpula libertaria.
La salida del funcionario que tenía a su cargo la comunicación institucional del gobierno se dio a instancias de una reunión privada en la Quinta de Olivos esta misma mañana, lugar en el que Serenellini argumentó «motivos personales» para dejar su cargo. Sin embargo, su renuncia tuvo más que ver con un pedido explícito de la hermana menor del jefe de Estado.
Las razones de Karina Milei para desplazar a Eduardo Serenellini
La cúpula libertaria hace tiempo tenía bajo la lupa al secretario de Prensa, al menos desde que advirtieron que en su primer mes a cargo de la Secretaría había autorizado pagos por casi $ 100 millones por montos adeudados de la gestión de Alberto Fernández. Entre los beneficiarios de aquella medida -inconsulta con los hermanos Milei- estaban algunos de los exempleadores de Serenellini y también algunos enemigos políticos declarados de Milei, como el empresario Pepe Albistur.
Más acá en el tiempo, distintas fuentes inobjetables de la administración de La Libertad Avanza le atribuyeron que también trabajaba en su propia agenda, al utilizar su despacho y su cargo para hacer lobby empresarial, con viajes semanales a numerosas provincias. Sobre ambas cuestiones, Serenellini siempre negó las acusaciones internas.
Por supuesto, no fueron las únicas veces que la secretaria General de la Presidencia le hizo sentir a Serenellini que lo quería fuera del gobierno. De hecho, en la jura del canciller Gerardo Werthein a principios de noviembre los encargados de las tareas de ceremonial y protocolo que responden a Karina habían sentado en la segunda fila de sillas a Adorni y Serenellini, pero una vez acomodados, fueron rápidamente reubicados: el vocero pasó a la primera fila y el secretario de prensa, a la última. Notablemente ofuscado, el experiodista de La Nación+ se levantó y se fue.
El lugar vacío que dejó Serenellini podría ser leído en términos simbólicos como la pulseada política que le ganó Adorni. Es más, en los pasillos de la Casa Rosada se habla de la disolución de la Secretaría de Prensa, y la absorción de todas sus competencias dentro de la Vocería presidencial que controla Adorni, incluido el subsecretario de Prensa Javier Lanari, que se mueve como la mano derecha del vocero y uno de las principales apuestas del karinismo para dar la batalla cultural en los medios de comunicación y las redes sociales.
