El Indio Solari, el fundador de los Redondos de Ricota falleció este viernes en su casa de Parque Leloir. Al músico le habían diagnosticado Parkinson hace diez años. En 1976 fundó Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota junto a Skay Bellison.
La muerte de Indio Solari marca el final de una de las figuras más influyentes, enigmáticas y convocantes de la historia de la música argentina. Dueño de una obra que trascendió generaciones, el exlíder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota construyó un fenómeno cultural único, capaz de movilizar multitudes y convertir cada una de sus canciones en parte del imaginario popular.
Nacido como Carlos Alberto Solari, el Indio se transformó en una referencia central del rock nacional desde fines de la década de 1970. Junto a Los Redondos levantó una carrera alejada de los grandes medios y de la industria tradicional, pero sostenida por una devoción popular pocas veces vista en la Argentina.
Discos como Oktubre, Un baión para el ojo idiota y Lobo suelto, cordero atado ayudaron a cimentar una leyenda alimentada por letras cargadas de metáforas, personajes oscuros y críticas sociales que aún hoy siguen siendo objeto de interpretación.
Tras la separación de Los Redondos, el Indio inició una exitosa etapa solista junto a Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado. Sus recitales se convirtieron en verdaderas peregrinaciones de seguidores llegados desde todos los rincones del país, consolidando una convocatoria sin precedentes para un artista de rock argentino.
En los últimos años, su lucha contra el Parkinson lo había alejado de los escenarios, aunque nunca de la vida cultural. Su figura continuó despertando admiración, debates y homenajes, mientras sus canciones mantenían intacta su capacidad de emocionar y convocar.
Con su muerte se extingue una voz irrepetible, pero permanece una obra que seguirá atravesando generaciones. El Indio Solari deja un legado inmenso: el de un artista que eligió el misterio antes que la exposición, la independencia antes que el mercado y la poesía antes que las certezas.
Su música, como ocurre con los grandes mitos, seguirá sonando mucho después de su partida.
