Nodo recuperó 8.000 toneladas de frutas y verduras y reclama más alianzas para evitar el desperdicio

Cada 29 de septiembre se conmemora el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, una fecha impulsada por las Naciones Unidas para visibilizar uno de los grandes desafíos de los sistemas alimentarios: evitar que alimentos aptos para el consumo terminen descartados mientras muchas personas atraviesan dificultades para acceder a una alimentación adecuada.

En ese contexto, la ONG Nodo desarrolla en Mar del Plata una tarea de recuperación de excedentes de producción frutihortícola. Su coordinador, Nahuel Zalazar, explicó durante una entrevista en el programa Buenas Mañanas, de Canal 8 de Mar del Plata, que buena parte de los productos que se descartan no son residuos, sino alimentos que dejaron de tener valor comercial por razones estéticas, de calibre o de mercado.

“En todo proceso productivo hay excedentes de producción agropecuaria por cuestiones comerciales, de valor o estéticas”, señaló Zalazar. Y remarcó que esos productos “no suelen tener valor comercial, pero claramente tienen un valor nutritivo y de alimento”.

8.000 toneladas recuperadas

Nodo comenzó a operar en octubre de 2020 a partir de una alianza público-privada. Según los datos aportados por Zalazar, desde entonces la organización logró recuperar aproximadamente 8.000 toneladas de frutas y verduras, lo que representa más de 24 millones de raciones.

La tarea se concentra especialmente en el cordón frutihortícola de Mar del Plata y la zona, una de las principales áreas productoras del país.

Entre los productos recuperados se encuentra la papa, que representa alrededor del 70% del volumen rescatado, además de frutas y verduras como kiwi, lechuga, zanahoria y manzana.

“Una manzana puede tener algún detalle, algún golpe o no cumplir con determinado calibre, pero en un 80% de su realidad está para consumo”, ejemplificó el coordinador de Nodo durante la entrevista.

El proceso comienza con la recuperación de los productos que los productores y establecimientos de empaque entregan a la organización. Luego se realiza una selección para determinar cuáles se encuentran en condiciones de ser consumidos, se acondicionan y finalmente se preparan para su distribución.

Una segunda oportunidad para los alimentos

El trabajo busca darle una segunda oportunidad a productos que, por diferentes motivos, quedan fuera de los circuitos comerciales tradicionales.

Zalazar destacó que detrás de cada alimento existen recursos naturales, humanos y económicos que fueron utilizados para producirlo: agua, suelo, energía, trabajo, transporte y tiempo. Por eso, evitar que termine como descarte también significa aprovechar esos recursos.

“Para producir cada uno de estos productos se requirieron recursos ambientales, humanos y económicos”, explicó.

La distribución se realiza a través de una red de organizaciones y bancos de alimentos, entre ellos los de Mar del Plata, Balcarce y Tandil, permitiendo que productos recuperados en la región lleguen también a otros puntos del país.

Según relató Zalazar, Nodo llegó a enviar papa a provincias como Salta, Córdoba y Buenos Aires.

El desafío de extender la vida útil

Además del rescate y la distribución de frutas y verduras frescas, desde Nodo plantean la necesidad de avanzar hacia estrategias que permitan extender la vida útil de los alimentos recuperados.

El tomate es uno de los ejemplos mencionados durante la entrevista: un producto recuperado durante el verano puede tener apenas uno o dos días de vida útil, mientras que su transformación en salsa podría permitir conservarlo durante varios meses.

Para avanzar en ese tipo de iniciativas se necesitan infraestructura, espacio adecuado, recursos económicos y humanos, además de nuevas alianzas con organizaciones que cuenten con capacidad para realizar procesos de elaboración y conservación.

El papel de productores, empresas y voluntarios

El modelo de Nodo depende de una red de actores. Los productores aportan los excedentes; los voluntarios colaboran con la selección y acondicionamiento; las organizaciones y bancos de alimentos participan de la distribución; y las empresas pueden contribuir mediante alianzas y financiamiento.

Actualmente, la ONG cuenta con tres personas trabajando a tiempo completo y se apoya en voluntarios y organizaciones para procesar los grandes volúmenes de alimentos recuperados.

Zalazar remarcó que uno de los principales desafíos actuales es conseguir nuevas empresas que acompañen económicamente el proyecto y permitan garantizar su continuidad.

La organización ya ha desarrollado estrategias mediante las cuales una empresa puede colaborar con la recuperación de alimentos y, al mismo tiempo, acompañar a un comedor determinado. Según explicó el coordinador, a través de una de estas iniciativas se lograron entregar más de 15.000 kilos de alimentos a un comedor de Mar del Plata.

Un problema que también llega a los hogares

La recuperación de excedentes productivos es apenas una parte de una problemática mucho más amplia.

De acuerdo con el contexto difundido en el marco de esta jornada, a nivel mundial alrededor del 13% de los alimentos se pierde entre la cosecha y la venta minorista, debido a factores como problemas de conservación, transporte, almacenamiento o excedentes. A esto se suma el desperdicio que se produce en hogares, comercios y servicios gastronómicos.

En Argentina, distintos análisis han dimensionado el volumen de alimentos que se pierde o desperdicia a lo largo de la cadena.

La problemática no se limita a una cuestión económica. Cada alimento descartado representa también un desperdicio de agua, energía, suelo, transporte y trabajo, además del impacto ambiental asociado a su producción y disposición final.

Qué podemos hacer para reducir el desperdicio

La prevención también comienza en las decisiones cotidianas. Planificar las compras, revisar qué alimentos hay disponibles antes de comprar, ordenar los productos según su fecha de vencimiento, conservarlos adecuadamente y aprovechar las sobras son algunas de las prácticas que pueden ayudar a reducir los descartes.

También resulta importante diferenciar entre los alimentos que presentan un deterioro que los vuelve inseguros y aquellos que simplemente perdieron características comerciales, como determinada forma, tamaño, color o apariencia.

En ese punto se encuentra buena parte del trabajo de Nodo: rescatar alimentos que ya no cumplen con determinados estándares del mercado, pero que continúan siendo aptos para el consumo.

En el Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, la experiencia de Nodo muestra que reducir los descartes requiere coordinación entre productores, empresas, organizaciones sociales, voluntarios, instituciones y consumidores.

El desafío, en definitiva, es lograr que los alimentos producidos puedan cumplir su propósito: llegar a una mesa y ser consumidos, en lugar de convertirse prematuramente en desperdicio.

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