Rock de duelo: Falleció un ‘Abuelo de la Nada’, Daniel Melingo

El músico, cantante, compositor y poeta Daniel Melingo murió este martes a los 68 años. Su cuerpo fue hallado sin vida en el interior de su casa por uno de sus hijos. Por el momento se desconocen las causas de muerte, aunque se sabe que el músico sufría EPOC. Se espera el parte oficial de la policía.

Melingo estaba a punto de publicar su nuevo álbum y presentarlo en un show a lo grande en el Teatro Coliseo, que iba a ser uno de los más importantes de su carrera.

Sus últimas grabaciones fueron en colaboración con Andrés Cotter, revisitando “Chalaman”, que había compuesto originalmente para Los Abuelos de la Nada.

Y en Peor, flamante álbum de Guillermo Piccolini, editado por Ultrapop hace poco más de una semana, colaboró en “Cara de loco”, una canción con aires tangueros.

Nacido en Parque Patricios, se formó como clarinetista y estudió música desde muy joven antes de convertirse en un multiinstrumentista que dominó el saxofón, la guitarra y el clarinete. Tras acompañar al brasileño Milton Nascimento a fines de los años setenta, se integró a la renovación del rock argentino como miembro de Los Abuelos de la Nada y cofundador de Los Twist junto a Pipo Cipolatti. También formó parte de la banda de Charly García durante la etapa de Piano Bar.

Melingo es autor de grandes canciones de rock nacional como “Chalamán” de Los Abuelos de la Nada o “Jugando hulla hulla” y “Cleopatra (la reina del twist)” de Los Twist.

A partir de mediados de los años noventa dio un giro decisivo hacia el tango, pero desde una mirada contemporánea. Discos como Tangos bajos, Santa milonga, Maldito tango, Linyera y Anda conformaron su identidad artística, reconocida con galardones como el Premio Konex y el Premio Gardel.

Antes de consolidarse como una figura central del tango contemporáneo, Melingo integró Lions in Love, el grupo que formó junto a Fernando Samalea, Gabriel Carámbula y Roberto Pettinato, con el que publicó un único álbum de estudio en 1991, de fuerte impronta rockera.

Más acá en el tiempo, participó de Spinettango, el proyecto impulsado por el pianista Julián Vat que reversionó el repertorio de Luis Alberto Spinetta en clave tanguera. Además de su carrera musical, trabajó como actor, compositor para cine y gestor de proyectos escénicos.

Melingo había anunciado para el 21 de septiembre la presentación oficial de Tangos bajos (Rework) en el Teatro Coliseo, un álbum que reversionaba su clásico de 2004 junto a invitados como Fito Páez, Andrés Calamaro, Pity Álvarez, Pablo Lescano, Juli Laso, Maxi Prietto y el italiano Vinicio Capossela, entre otros. En los últimos meses había adelantado los sencillos “José el Cuchiyero”, junto a Malandro, y “Narigón Cumbiero”, con la participación de Pablo Lescano. Además, en 2026 había sido nominado a los Premios Gardel en la categoría Mejor Canción de Tango por “La guitarra”, interpretada por Fito Páez.

Más allá de la música, Melingo lanzado en 2024 su propio vino. El vino Melingo. “El vino y la música, dos expresiones culturales que han acompañado a la humanidad desde tiempos inmemoriales, no solo comparten un espacio común en celebraciones y rituales, sino que están profundamente entrelazadas en la experiencia sensorial y emocional del ser humano”, había escrito para ‘Un enlace sensorial y cultural’, el texto que hace las veces de introducción a El vino & la música, el libro que lanzó para acompañar el lanzamiento de su delicioso malbec.

En 2022 había estrenado la Ópera linyera en el teatro 25 de Mayo, que expandía el universo musical y fabulesco de sus últimos discos hacia una propuesta escénica singular: una puesta híbrida y vanguardista basada en su álbum Oasis. A través de una narrativa onírica y poco lineal, el ex Abuelos de la Nada encarnaba a un elegante linyera que se cruza con personajes singulares, como un cafishio, una bailarina y un personaje dual interpretado por Fernando Noy, sumando además las voces grabadas de Andrés Calamaro y Enrique Symns, con dirección de Pichón Baldinú.

Melingo también desplegó su magnetismo bohemio y su particular poética urbana a lo largo de un abanico de películas. En Lulú (2016), bajo la dirección de Luis Ortega, aportó su aura marginal en un relato crudo y surrealista por las calles de Buenos Aires, mientras que en el film uruguayo Una noche sin luna ofrece una de sus interpretaciones más entrañables como Molgota, un músico preso que saborea una agridulce libertad transitoria durante el Año Nuevo. Su realidad es una road movie que lo siguió en clave de falso documental durante una gira europea, capturando la mística de su cotidianidad artística. También interpretó al padre de la mítica cantante en Gilda, no me arrepiento de este amor, la biopic dirigida por Lorena Muñoz.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *