El seleccionado argentino de fútbol no solo dio una gran demostración de coraje en la cancha para dar vuelta un resultado adverso en esta semifinal, nada menos que ante Inglaterra, sino que en medio de los festejos dejó en claro que la disputa deportiva no podía ocultar un sentimiento nacional que frente a este rival asoma a flor de piel: “Las Malvinas son argentinas”.
Así lo hicieron ver los jugadores, que consolidados ya como finalistas de la Copa del Mundo, con el sueño de bicampeonato más vivo que nunca, se permitieron hacer flamear una bandera con ese mensaje tan sensible para todo el país que no solo es reivindicación de soberanía sino también un recuerdo latente e interminable para tantos compatriotas que dejaron la vida en esas islas en defensa de su bandera.
Si bien esto fue nada menos que un partido de fútbol, como bien lo hizo notar el entrenador Lionel Scaloni en estos días previos de tantas tensiones y suspicacias, era inevitable que este sentimiento iluminara la pasión de los propios campeones del mundo y los hinchas.
Las referencias a Malvinas habían sido prohibidas por la organización en referencia a los hinchas, según se había anunciado con anticipación. Y así ocurrió en los controles al estadio, en Atlanta, donde hubo una convivencia muy noble entre argentinos e ingleses, mezclados en las tribunas y superando sin incidentes esos cambios de estado de ánimo que viajaron al ritmo de un resultado que terminó favorable para el equipo que levantó la copa hace tres años y medio, en Qatar. “Un minuto de silencio….” y “El que no salta es un inglés” fueron himno por un rato.

Giovanni Lo Celso fue el encargado de desplegar esa bandera que se agitó, se dispuso sobre el césped, de cara a la tribuna donde más hinchas argentinos había, y que luego agitaron todos los jugadores. Una sábana con letras pintadas a pincel, casera pero noble en su mensaje, como el sentimiento nacional por un territorio que fue, es y será parte de nuestros país: “Las Malvinas son argentinas”.
